La hora de la verdad

Hablando con los muchachos, me dí cuenta de algo: Hay elementos que retrasan la labor creativa de la banda, y a pesar de que los aportes de dicho elemento son valiosos e incalculables, la balanza se inclina lastimosamente por lo negativo. Teniendo en cuenta que hay planes realmente geniales y que de poner un poquito de empeño se puede sacar el mayor provecho a las oportunidades que tendremos y no cometer los errores de dejar pasar las que nos han tocado, no podemos menos que pensar que hay que salir de lo que sea que nos esté retrasando como banda, como seres humanos y como elementos del sistema vida en general.

Obviamente duele perder a un amigo, a un compañero, a una parte de lo que consideras un ente, un espacio, una personalidad, una parte de tu vida. Pero, desgraciadamente, para poder avanzar en esta vida se requiere un desprendimiento absoluto de los sentimentalismos y de aquellas cosas que te hagan perder impulso. Y ahora, más que un estímulo y una razón de ser, este elemento es una piedra de tranca. Duélale a quién le duela.

Entonces… ¿Qué hacer? ¿Seguir permitiendo que eso ocurra? ¿Tomar una decisión salomónica y acabar con el problema cortando la raíz? Aún los rastros de humanidad me hacen dudar de la desición que habremos de tomar, por más dolorosa que pueda ser. Pero si pensamos en Josephine como negocio, como modus vivendi a futuro y como una parte de lo que son nuestros sueños, no podemos pensar sino como jerarcas, como estadistas, como empresarios y como robots.

Los esquimales se deshacen de los viejos dejándolos a su suerte para que mueran de hambre, sed, frío o comido por los animales. Quizas nos parezca cruel, pero tiene su razón de ser: Los viejos retrasan a los demás de la tribu y no contribuyen en nada productivo, aunque su sabiduría sea invaluable. Pero no comes cuentos, las historias no te cobijan y las experiencias no crían a tus hijos. Entonces, el pragmatismo se impone y la crueldad se hace necesaria.

Mis disertaciones acerca del SL en Venezuela

No soy muy nuevo en esto del uso de software libre. De hecho, soy uno de los entusiastas que empezó a usar GNU/Linux hace un tiempito ya, incluso antes del famoso decreto 3390, en el que se obliga a la administración pública a migrar (A juro y porque sí) en tres años a «Software Libre».

Pero lo que veo es un montón de habladuría, dimes, diretes, intrigas, sarcasmos, tratos peyorativos, puñaladas en la espalda, en fin… Politiquería de la buena al más puro estilo de la cuarta república y aparentemente una conducta adquirida de la quinta . La pregunta es ¿Dónde están los resultados luego de todo el tiempo pasado desde el ejecútese del decreto hasta ahora? Supuestamente, para el 2007, _toda_ la administración pública Venezolana debería estar migrada a Linux, las secretarias de las oficinas regionales sectoriales de los ministerios deberían usar SuSE, los empleados de nivel medio deberían estar usando Ubuntu y los servidores deberían correr mínimo en Debian. Eso hasta que a alguien se le ocurra la genial idea de desarrollar una distro Venezolana con un logo de Tux con una Boína roja. Y el famoso decreto parece sentar las bases para ello.

Siguiendo con el trasfondo del decreto, ¿Qué pasó con la capacitación, los incentivos a los desarrolladores, la preponderancia del código abierto, los planes de lucha contra el mal llamado «analfabetismo informático? Por desgracia, parece que las luchas personalistas que pululan en la (Y nótese el sarcasmo) «Comunidad del Software Libre» son más fuertes que la supuesta buena intención del fondo y la forma del proyecto.

¿O cabrá decir que Venezuela aún no está preparada para el macanazo que supone una migración a tal escala? habiendo tanto usuario que compra Windows pirateado, que navega en cibercafés y que prácticamente carece de acceso (y por ende conocimiento) a las computadoras, no parece una opción muy realista cambiar el paradigma.

Pero de eso están hechos los sueños: De imposibles. El Venezolano tiene fama de flojo, comodista, perezoso, bruto, echado palante y sin iniciativa propia. Difiero de ello. Por experiencia sé que el venezolano se crece en las adversidades, que es solidario y consecuente… pero también sé que se cansa rápido, que se aburre fácil y que no le gusta mucho el cambio. Hay miles de pros y de contras en la conducta social y general de nuestros compatriotas. Pero no por ello debe abandonarse la lucha. Brasil abandonó el proyecto por mil razones diferentes. Y, al paso que vamos, no me sorprende que Venezuela abandone la voluntad política para hacerlo. Al fín y al cabo son demasiadas las presiones corporativas, políticas, personalistas y filosóficas inmiscuidas en lo que en principio sonaba como coros angelicales a los que hemos dedicado buena parte de nuestras vidas al desarrollo de un modelo distinto en informática que simplemente cambiara los paradigmas, luchara contra la explotación, la usura y que en general se enfocara a lo que debería ser la «Comunidad informática»: Un intercambio de ideas, conocimientos y realidades sin tener que pagar por ello. La información y el conocimiento son libres. ¿Por qué tengo que pagar una licencia para saber?

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