El Titiritero

Definitivamente, hay lecciones que se aprenden a fuerza de ser golpeado por la vida, o ser educado de una manera en la cual no creerse más de lo que se es termina siendo una regla. Quizas, por las perspectivas que tienes en un momento, el futuro que podría pintar bien, un rumbo cierto y fijado, las puertas abiertas y unas enormes ganas de lograr lo que te propones, terminas perdiendo el pequeño detalle que hace grande a quienes lo practican: La humildad.

El día amaneció nublado, fresco… Una de esas mañanas en las que te provoca comerte el mundo, porque las cosas parecen estar bien. Y si algo me ha enseñado este día es que ese ser a quien muchos llaman Dios, Otros Allah, Krishna, Buda, Yavé, no es más que un titiritero que mueve nuestras cuerdas a su conveniencia y hace lo que él (ella o eso… aún no se sabe) quiera que hagamos. Obviamente, como sólo puede ocurrir en esta predecible esquina del mundo, una mañana nublada sólo significa algo: Un sol infernal luego de mediodía.

Y justamente esa hora es la que escoje un amigo para llamarme y decir que debemos ir a cierta parte de la ciudad a una reunión y luego hacer un par de tareas administrativas que requieren ser terminadas. Por lo cual, tomo mi hp pavillion ze5602us (Que, para propósitos informativos, pesa aproximadamente cinco kilos), la cargo en mi bolso y emprendo camino, no teniendo en cuenta que el almuerzo no estaba listo, que estaba haciendo el consabido sol asesino y que, además, no cargaba sino 1400 Bolívares (Aproximadamente 50 centavos de dólar. Un pasaje de autobús cuesta Bs.600) en el bolsillo.

Desde hace cierto tiempo, en toda Venezuela se ha desarrollado una cultura de miedo visceral a la delincuencia… Y hay ciertas partes de la ciudad en las cuales es mejor tratar de pasar desapercibido. En una ciudad como Barquisimeto, en la que un piercing en el labio, un hombre con cabello largo o una persona tatuada es objeto de señalamientos, andar encima con un portátil es algo así cómo que decir «RÓBAME MOVISTAR». Entonces, al ver que dos tipos con pinta de ser amigos de lo ajeno me miraron con hambre, decidí irme. Claro está, caminar con el sol asesino y cinco kilos en el lomo no me pareció buena idea, así que tomé un autobús. Y allí se me fue la mitad de mi ya de por sí escaso dinero.

De ahí en más todo estuvo bien hasta el momento en el que decidimos irnos: Sin dinero en el bolsillo, con la pepa de sol y yo con el peso adicional encima. Yo troto algo así cómo que seis o siete kilómetros diarios, así que eso no debió suponer demasiado para mí… Grave error. Una cosa es que lo hagas de noche, con brisa y otras muy distinta es que lo hagas a las tres de la tarde. Obviamente, el trayecto de cinco kilómetros a pie causó una serie de dolores musculares que me aquejarán por al menos un par de días. Pero, si solo hubiese sido eso, no hay problema. Las heridas morales y emocionales suelen doler más que las físicas, y doy cumplida cuenta de ello…

Para empezar, la falta de dinero, la caminata desértica y la sed nos hace pedirle agua a un albañil que estaba en la calle con una manguera… Primera lección de vida: Quizas seas un empresario multimillonario -que no lo eres… AÚN- pero no olvides que siempre necesitarás ayuda de alguien.

El Sol nos estaba calcinando, así que decidimos pisar la grama de la isla de la avenida y disfrutar de la sombra de los árboles que rodean ésta. Segunda lección de vida: Quizas no sea lo más apropiado, pero usa las herramientas que tienes a mano para que no todo sea tan mierda.

Luego, por el cansancio, se me ocurre autostoppear a ver si alguien se apiada de mí: Un autobús se para con el semáforo y el colector se nos queda mirando. El amigo dice «No… demasiado tipo con cara de criminal» y no nos montamos. Tercera lección de vida: Las oportunidades se presentan. Depende de tí si las tomas.

Mientras mi dolor de espalda aumentaba, una viejita estaba con un bolso en la espalda y cinco o seis cajas y maletas más. Tercera y cuarta lección de vida: Siempre hay alguien en peores condiciones que tú y no se queja. Además, estás jóven.

Un heladero pasa por un lado de nosotros mientras nos fumamos un cigarrillo (El último, valga la acotación) compartido. Quinta lección de vida: Todo trabajo dignifica. Y el pana hizo más real que tú hoy.

El estruendo de una música nos llama la atención mientras nos paramos a descansar… ¡Otro Heladero! Pero este, en su bicicleta de reparto, con unos cajones de cornetas, un reproductor de carro y un cigarro en la boca: Sexta lección de vida: El pana tiene lo que necesita en su vida, lo que tú no tienes, y en este momento, quisieras poder estar en su lugar. ¿Dónde están los sueños de grandeza y los planes de dominación mundial ahora?

Una pareja con su hijo está parada en la calle esperando autobús. Se ven felices. Séptima lección de vida: ¿Realmente necesitas ser vulgarmente rico para ser feliz? El dinero no lo es todo en la vida, ni lo es todo en el mundo. Bájate de esa nube.

Luego de la zarandeada que me dió el titiritero, sólo pude agradecerle por hacerme caer en cuenta de algo: La humildad es algo que necesita cultivarse. Y que siempre debe recordar qué fuiste para poder llegar a lo que eres.